Los dos acusados de quemar a una indigente en un cajero piden perdón y reclaman un "trato justo"
Los dos jóvenes acusados de quemar a Rosario Endral en un cajero el año 2005, han pedido perdón a la familia y piden un TRATO JUSTO. Oriol P. y Ricard P., echaron la culpa al menor que les acompañaba de haberla quemado, ese menor ya ha sido juzgado y condenado a la pena máxima, ocho años de reclusión .Se ha sabido que esa noche tomaron tequila y absenta, una bebida alucinógena que estuvo muy de moda en el S.XIX. La absenta puede adquirirse por Internet como todo lo demás y tiene una graduación de 85º
En este caso se mezclan muchas cosas; por un lado, la terrible vida de la víctima de la que nunca nos hubiésemos enterado si no acaba así. Guapa y culta, secretaria de dirección que se enamora y no duda en dejar atrás a toda su familia para terminar esa aventura con un fracaso, sola, con una depresión y alcoholizada. Por otro lado, su propia familia que no perdona ni olvida y que lejos de ocuparse de ella se desentienden y ahora reclaman una indemnización millonaria por “daños morales” y por último, la educación familiar de estos asesinos que a pesar de su corta edad son capaces de cometer semejante barbaridad por muy perturbados que estuvieran después de beber lo que no debían. El Fiscal mantiene su petición de 28 años de prisión porque las cámaras no engañan y esa ha sido su mayor desgracia o los renglones torcidos de Dios, ese ojo de seguridad que paso a paso lo fue grabando todo para que pudiéramos comprobar con horror cómo se divierten algunos adolescentes.








Álex dijo
Uno puede entender los crímenes que se cometen por necesidad: el hambre. El hambre canina. "Odia al delito y compadece al delincuente". Lo dijo Concepción Arenal.
El crimen de estos miserables se cometió por gastar una broma. Lo han reconocido ellos mismos. Lo tenían casi todo: juventud, dinero, familia... Futuro. Les faltó lo principal: vergüenza, humanidad, humildad, empatía.
Podían haberse divertido compartiendo con Rosario (sin familia, sin dinero, sin juventud y ya sin futuro) un bocadillo de jamón con tomate. Prefirieron -presuntamente- quemarla viva.
Ahora se arrepienten y piden perdón. Por lo menos reconocen su barbaridad. Su bestialidad, mucho más allá de las bestias. Seguramente es el miedo a lo que se les viene encima lo que hace que agachen la cabeza y reclamen clemencia. Me parecen miserables.
No siento compasión por ellos. Espero la máxima dureza de la Ley. Me gustaría no desear crueldad de la Ley. No hay nada más horrendo que el crimen gratuito, porque en él (o tras él) no hay ni siquiera consuelo. Para nadie.
23 Octubre 2008 | 10:25 PM